Estas últimas semanas definitivamente los noticiarios han golpeado nuestros corazones.
Primero con la noticia del brutal asesinato de un joven por un grupo de neonazis contaminados con la rabia y con una furia social añeja que más que unirnos como hermanos de una misma tierra, nos separa estúpidamente.
Otra noticia lamentable, y en la que me quiero detener, fue el caso de la joven madre que, por ir a una fiesta, dejó abandonada y encerrada a su guagua de dos meses. Los vecinos, a pesar de escucharla llorar, no pudieron intervenir y la guagua murió.
Dos situaciones de maltrato, donde hay víctimas y abusadores, al parecer sin sentido. Sin embargo, si analizamos esta tragedia hay una gran oportunidad para aprender algo y cuestionarnos el por qué y el para qué.
También traigo a la reflexión la polémica incansable de los que están en contra o a favor del aborto, los pro-vida. Me encanta escucharlos con el valor que le dan a la vida del aún no nacido. Personalmente, pienso que nadie, ninguna mujer sana psicológicamente, quiere abortar. Lo que sí pienso, es que frente a la realidad inminente de la maternidad, no quiere o no puede asumir la inmensa responsabilidad de criar y cuidar a otro.
Si consideramos válida su opción de no asumir la responsabilidad de ser madre, ¿no sería mejor ver como un acto de amor que diera en adopción su hijo o hija, entregando esta nueva vida a personas que si quieren asumir la tarea de ser padres? Me lo pregunto e invito a ustedes a esta dura reflexión.
Pienso en cómo prevenir esas muertes o maltratos primarios en niños inocentes que no pidieron nacer. Con padres que no querían o no podían ejercer su función responsablemente.
Como sociedad, aparte de no querer el aborto y elegir la vida, debemos proteger a esos niños ya nacidos, ¿cómo somos capaces de dejarlos solos, expuestos a los maltratos de sus padres, propios del desamor o de la ignorancia?
¿Por qué no incentivamos la adopción? Hay que generar un proceso más fluido y no con tanta burocracia, que enlentece el acto amoroso voluntario Por otro lado, ¿por qué no educamos a los padres antes de tener hijos? Me imagino una capacitación a nivel escolar para la paternidad y maternidad responsable, que incluya materias de cuidados y buenos tratos para nuestros niños, como culminación de los programas educación sexual.
¿Cuántos niños más tienen que sufrir la falta de sensibilidad de padres que por falta de ganas, de educación o frustrados se descargan en sus hijos?
Los invito a reflexionar para que todos, como padres universales, ayudemos a los niños vivientes, a los más vulnerados, a los sin voz. Para que cómo sociedad no sigamos siendo sordos ni ciegos de esta penosa realidad.
Foto Tim & Selena Middleton Flickr © creative commons
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