Cristina tiene 20 años y fue entregada en adopción al momento de nacer. Carmen, su madre biológica, no contaba con el apoyo de su pareja ni con recursos económicos, pero tenía el apoyo de su madre. Juntas tomaron la decisión de que la niña tuviese una mejor opción de vida.
Recientemente, Cristina decidió conocer a su madre biológica, y la Fundación Chilena de la Adopción ha tenido el privilegio de acompañarla en el proceso de reencuentro con Carmen, instancia que hoy quiero compartir brevemente con ustedes.
Para que esta situación se diera, son varios los factores que debieron confluir. Primero, en 1999 hubo un importante y trascendente cambio en la estructura legal: la ley 19.620 promueve este tipo de encuentros pensando en los hijos y permitiendo que al cumplir los 18 años de edad, una persona que haya sido adoptada pueda conocer sus orígenes y, si la familia biológica accede, se puede generar un encuentro.
En el caso de Cristina, más importante que la ley ha sido el apoyo brindado por su familia adoptiva, quienes siempre le entregaron la seguridad del amor filial y la convicción de que no había absolutamente nada que pudiera derribarlo. La certeza del cariño y los valores que le inculcaron a su hija adoptiva, les permitieron a estos padres apoyarla sin miedos en esta búsqueda de su historia vital, respetando la importancia que tenía para Cristina poder cerrar este ciclo en su vida.
Tras un año de trabajo y apoyo psicológico desarrollado con Cristina, se buscó la mejor forma para que se diera este encuentro. Es importante destacar que dada la complejidad de la situación y los sentimientos que involucra, resulta necesario contar con apoyo profesional, que pueda monitorear constantemente la estabilidad emocional de los involucrados, a fin de no provocar una crisis que pueda desestabilizar el sistema familiar de ambas partes.
Carmen esperaba ansiosa en una salita la llegada de Cristina. Su mayor temor era el enjuiciamiento, la recriminación. Después reconocería que para ella fue la culminación de una etapa. Era una herida que no había cicatrizado y que cada cierto tiempo se volvía a abrir. Confirmó que la decisión que había tomado era la correcta, pues la niña que había entregado para asegurarle un mejor futuro, era ahora una mujer sana, equilibrada, que contaba con una familia que la apoyaba. Por su parte Cristina se vio tranquila, cálida y acogedora.
Carmen ha rehecho su vida. Hoy tiene otros hijos y deberá enfrentarlos a su historia. Sabe que tiene que revelar el secreto, sin embargo hoy, con la ayuda recibida, se siente preparada y capaz de hacerlo. Para Cristina se abre un mundo nuevo que tiene que explorar, la seguridad de su hogar le permitirá enfrentar una realidad hasta ahora desconocida, un camino que se hará más fácil porque sabe que no está sola.
Estos son nuevos desafíos que nos presenta la adopción, pues son cada vez más los jóvenes que necesitan conocer sus orígenes para dar forma a su identidad definitiva. Por otra parte, son cada vez más los padres adoptivos que manejan el tema de la adopción como otra forma de ser familia, sin secretos ni tabúes, con la confianza del amor que han entregado y con el debido respeto por sus hijos y su identidad.
Foto Miles Heller Flickr © creative commons
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