Me crié en una familia que solía hacer las cosas a su manera, no como la sociedad lo sugería o exigía para pertenecer a algo. Tampoco éramos la familia Adams del barrio, solamente un núcleo muy observador y opinante.
Muchas veces no entendí eso de hacer las cosas al revés de los demás, tener creencias propias con respecto a temas populares y más de alguna vez quise ser “como los demás” para evitarme complicaciones.
Ahora agradezco la perseverancia de mis padres por mirar las cosas con perspectiva. No se trataba de ir contra la corriente, sino tener una opinión propia de las cosas. Tal vez ellos no contaban con tener hijas rebeldes, punks, políticamente incorrectas, porque dentro de su esfuerzo por educarnos, criarnos y darnos todo el calor familiar que nos dieron, sentían que hacían lo mejor por nosotras.
Ya cada una tiene su propia familia, somos como tres versiones distintas de un mismo tema. El lema de hacer lo que a cada uno le parece se cumplió a cabalidad.
Lo que he construido hasta ahora me gusta. Veo a mis hijos, a mi pareja y siento una sensación muy agradable, de avanzar juntos, de crecer juntos.
Lo mejor que he aprendido en la vida, ha salido de ella. El resto de la información va y viene. Replico un dicho de mi padre que recitaba en múltiples ocasiones y siempre me hacía sentido: proporción, armonía y equilibrio.
Ilustración Polla Trujillo
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