Me interesa reflexionar en las diferencias que hacemos los padres y profesores en la educación para niños y niñas.
Sobre todo, diferencias arbitrarias y estereotipadas, cada vez menos justificadas, ya que muchas de las diferencias sociales entre niños y niñas son más bien sociales y no biológicas.
Nuestros niños son tratados cada vez con más igualdad, las diferencias sexistas o de género están quedando más en el pasado. Sin embargo, me inquietan los estereotipos antiguos donde se pretende seguir reforzando las diferencias entre los niños. Por ejemplo, a la niña no le regalo autos y menos a un niño una muñeca… ¿cómo queremos que nuestros niños sean buenos padres, si no les enseñamos desde niños? ¿Cómo queremos que nuestras niñas se muevan en competencias en el ámbito social si insisto en regalarles solo juguetes que exploran lo doméstico: muñecas, tacitas, escobas?
Invito a reflexionar en las diferencias que sin darnos cuenta preservamos y que no nos nutren para ser más integrales y preparados para movernos con más elementos en todos los ámbitos.
Muchas veces los padres tememos que nuestros niños hombres jueguen con peluches o muñecas. Y con ello, sin querer, les negamos experiencias formadoras de afecto, necesarias para la adultez, para ser buenos padres, esposos y también trabajadores. Cuando hay niños que se mueven entre sus pares sin diferenciarse en las tradicionales características femeninas o masculinas, torpemente, a veces son tildados de gay o al menos raros.
Es importante que tengamos cuidado en no etiquetar, ni menos definir sexualmente, por ser o querer ser cada vez más parecidos. Podemos ser mujeres y tener gustos de hombres y viceversa. Los propios niños lo van a ir acomodando a sus gustos e inteligencia y es de esperar que nosotros no los contaminemos con nuestros machismos y temores.
Sin querer, podemos reforzar que se genere bullying entre nuestros niños. Burlas y bromas hacia varones que, por ejemplo, quieran jugar a las muñecas. No olvidemos que la condición sexual no se define en la niñez. Y ojalá que no seamos nosotros quienes reforcemos definiciones prematuras e inapropiadas en el desarrollo de la sexualidad en formación.
Para terminar esta invitación de reflexión y crecimiento hay que recordar que la búsqueda de la identidad -ser hombre o ser mujer- se nutre de diversas experiencias, con variados elementos para la integración de una identidad personal rica en habilidades y talentos y el desarrollo de la propia individualidad.
Por último, si observamos en nuestros niños conductas marcadamente sexuadas que lo perturban e invaden, puede ser que padezca algún trastorno ansioso o algo lo pueda estar erotizando excesivamente, lo que es recomendable evaluar con un especialista.
Foto Ano Lobb Flickr © creative commons
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