Comúnmente los términos incluir e integrar han sido conceptualizados de forma similar, sin embargo hoy, en el ámbito de la educación, estos conceptos incluyen una forma de participación en el aula del niño o adolescente totalmente distinta.
Los lineamientos nacionales e internacionales que promueven el respeto y la atención a la diversidad en la sociedad e instituciones educativas, promueven la educación como un derecho humano básico el cual debe ser fomentado y respetado por los estados miembros (Declaración universal de los derechos humanos, 1948; Convención sobre los derechos del niño de las Naciones Unidas, 1989).
La educación integradora plantea la posibilidad de otorgar igualdad de oportunidades a las personas con discapacidad, por lo tanto, se centra en el alumno que presenta un diagnóstico que determina una necesidad educativa especial. En el currículo no se tiene en cuenta las diferentes necesidades educativas y se ofrece a todos la misma forma de asimilar los contenidos educativos, generando, a la larga, la exclusión. Para solucionar este dilema, se inserta de forma parcial al alumno en el aula regular, a las clases donde se cree que el niño puede rendir igual que el resto de sus compañeros y se atiende de forma especial y personalizada (aula de recursos) en las áreas dónde el niño puede presentar mayores dificultades. Este tipo de integración, muchas veces excluye, clasifica y determina al niño en su quehacer educativo, disminuyendo sus reales posibilidades de inserción.
La escuela inclusiva se centra en cómo aumentar la participación del alumnado con deficiencias en el aula común, independiente de las dificultades de cada individuo. Este tipo de escuela propone que es el entorno el discapacitante en lugar de la persona discapacitada, asumiendo que la falta de accesibilidad a los aprendizajes en los alumnos están relacionados con la forma de proporcionarlos y no con la discapacidad física, sensorial, cognitiva o afectiva que el individuo pueda presentar. En las escuelas inclusivas se tienen en cuenta las necesidades de cada niño, independiente de si este presenta o no una necesidad educativa especial, potenciando en toda el aula la igualdad de oportunidades. En la escuela inclusiva interactúan todos los agentes educativos, docentes de aula, docentes especialistas, directivos, familia y niños o adolescentes, promoviendo el derecho que todo alumno tiene de ser reconocido y de reconocerse a sí mismo como miembro de una comunidad educativa. Por lo tanto, la inserción del alumno es total e incondicional en el aula, participando en todas las clases y actividades de ésta, con el apoyo constante del profesor de aula, con el profesor especialista, quienes confluyen en un proceso de co-enseñanza.
En definitiva, la escuela inclusiva abre las puertas a los dilemas propios de cada escuela y que tienen que ver con igualar la capacidad de aprender y poner en práctica los conocimientos adquiridos en todo el grupo curso, respetando la multiculturalidad que tanto nos identifica como país. El camino a la inclusividad está recién comenzando y, por lo tanto, es necesaria la sensibilización de toda la comunidad en torno a esta temática, con el objetivo de que en un futuro no tan lejano podamos contar con escuelas realmente inclusivas.
Foto Renato Ganoza Flickr © creative commons
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