Cuando pensamos en seguridad, se nos viene a la mente nuestro hogar, nuestra casa o departamento. Qué mejor que las horas que compartimos en familia, resguardados en un espacio tranquilo, con nuestros seres queridos, bajo un mismo techo y que, definitivamente convierten a nuestra vivienda en una fortaleza impenetrable, que guarda nuestros más íntimos secretos, nuestros más preciados tesoros y nuestras más recónditas emociones.
Entonces, qué pasa con nosotros cuando este sagrado lugar es penetrado por delincuentes y al decir, penetrado no hablo solamente de una acción de entrar físicamente a un espacio, que en este caso sería nuestra casa (algo que también puede suceder); sino más bien de todos aquellos casos conocidos y no tanto, de estafas telefónicas, de delincuentes cibernéticos, entre otros; que podrían estar acosando, engañando y manipulando a familiares y a nosotros mismos. ¿Qué tan protegidos estamos? ¿Qué tan indefensos somos?
El hecho de experimentar este tipo de situaciones y de sentir, que pese a estar en nuestra fortaleza, nos encontramos expuestos y lábiles frente a estas amenazas, nos provoca una gran inseguridad, la cual es difícil de manejar porque aunque nos blindemos, conversando con nuestros niños, nuestra pareja, nuestra nana y quien sea que se pueda ver vulnerado en el hogar, por una situación como ésta, NUNCA es suficiente. En esto los delincuentes nos llevan la ventaja, porque inventan las más insólitas maneras de robar y sembrar el terror en nuestro territorio.
Nadie nos enseña a cómo enfrentar estos eventos y menos a prevenir con los niños, quienes ingenuamente pueden atender una llamada telefónica o jugar en sitios divertidos del ciber espacio, que los pueden exponer a entrar en contacto con personas malintencionadas y qué decir, si entran a la casa y roban aquellos tesoros, que no necesariamente tienen un valor comercial importante, pero que sí son importantes en lo emocional, violando tu intimidad y sembrando, finalmente, una inseguridad gigantesca, que no te permite, por mucho tiempo, estar tranquilo.
Me encantaría recibir alguna instrucción respecto a este tema; si bien es cierto, que las autoridades hacen un esfuerzo por entregarnos algunos consejos necesarios para tener herramientas básicas de protección frente a esta situación, me parece que no son suficientes y, prácticamente, uno termina entrando en la paranoia de la desconfianza, depositada en las llamadas, en los chats, en la persona que toca tu timbre y que desconoces, incluso hasta en quienes resguardan nuestra seguridad y a quienes en muchas oportunidades los ladrones suplantan. En fin, solo decir que quiero salir de mi hogar, todas las mañanas, a trabajar tranquila, sabiendo que mi familia se encuentra preparada para enfrentar de la mejor forma posible un evento tan complicado como éste, partiendo de la base que jamás estaremos preparados por completo.
Foto zion fiction Flickr © creative commons
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