¿Qué son las áreas verdes? Son espacios públicos (o privados) cuyo elemento principal es la vegetación, y hoy se les reconoce la incidencia que ellas tienen en la calidad de vida de las personas.
Pero son los espacios públicos verdes abiertos de una ciudad los que determinan el nivel de bienestar con que viven sus habitantes, también determina la mayor o menor segregación e igualdad, la calidad de salud, de participación social, entre otros indicadores.
Sin duda todos sabemos que el avance de la urbanización en las ciudades, sin una planificación estratégica que cuide y promueva la creación de áreas verdes públicas, impacta en sus condiciones ambientales, en la salud de la población, en su equilibrio sicológico, en su equilibrio social, etc. Yendo a lo práctico, por ejemplo, la vegetación bloquea la radiación solar, hoy muy nociva para la salud de las personas, ayudan a mejorar la calidad del aire, con ello disminuyen las enfermedades respiratorias crónicas principalmente en niños y ancianos. Además, ambientalmente los espacios verdes contribuyen a regular el clima urbano, absorben los contaminantes, amortiguan el ruido, permiten la captación de agua de lluvia para la recarga de los mantos acuíferos, pero, sobre todo, generan equilibrios ecológicos, sociales y personales individuales.
En Chile, específicamente en Santiago, la escasez de áreas verdes ya es una característica y se hace más evidente cuando nuestro cuerpo necesita regulaciones de temperatura externas, por ejemplo cuando caminamos en verano añorando una sombra, o también cuando nuestra siquis necesita tener contacto con la naturaleza y queremos caminar en un lugar que nos de satisfacción, o en invierno que no nos piquen la nariz y los ojos por la contaminación del aire.
La Organización Mundial de la Salud, señala que lo ideal es que en una ciudad existan 9 [m2/habitante], Santiago en promedio cuenta con 4 [m2/habitante], promedio que disminuye cada vez que crece la ciudad. Esta escasez de áreas verdes también está asociada a una desigualdad social marcada entre las comunas del Gran Santiago, solo el 20% de los capitalinos disfruta del 50% de los espacios públicos “verdes” urbanos de la ciudad, por ejemplo, Cerro Navia, es una comuna con bajísimo nivel de áreas verdes 2,8 [m2/habitantes], pero las peores son Pedro Aguirre Cerda con 1,2 [m2/habitantes] y paradojalmente, a pesar de su nombre, la comuna de El Bosque cuenta con 0,80 (m2/habitantes), mientras que la comuna de Vitacura cuenta con 18,3 [m2/habitantes], que cumple con casi todas las exigencias mundiales, 16 [m2/habitantes] según la ONU.
También la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONU coinciden en que el ideal es que las personas puedan contar con áreas verdes cerca de sus viviendas, a no más de 20 minutos caminando, para no solo disfrutar de ellas, sino que para beneficio directo de la salud de la población para evitar el sedentarismo y para que sea fuente de salud, especialmente para niños y tercera edad, como también para aquellos estratos socioeconómicos más bajos que tienen menos oportunidades de vacaciones y esparcimiento en lugares con naturaleza abundante. También la OMS señaló que debería existir como mínimo exigible para una urbanización una superficie de nueve metros cuadrados de áreas verdes por habitante.
Uno de los grandes retos que enfrentan las grandes ciudades es impulsar, crear y financiar el desarrollo de sistema de áreas verdes públicas (parques, jardines, reservas ecológicas y áreas protegidas) más aún, cuando las áreas verdes de las ciudades se encuentran en un acelerado proceso de degradación, producto de la falta de políticas de largo plazo en el tema, hoy se acepta y autoriza el crecimiento de ellas sin el correlativo y proporcional aumento de las áreas verdes.
El otro gran reto en el crecimiento de las ciudades y la necesidad de áreas verdes públicas es la participación de la ciudadanía de manera activa en los planes de ubicación, tamaño y diseño de sus áreas verdes para asegurarse de ser inclusivas y pluralistas en todo el sentido del término. Ejemplo de esta práctica, algunas de las grandes ciudades del mundo dictaron normativas sobre esto, y sus resultados hasta ahora son excepcionales (el Plan Regional de Nueva York once metros cuadrados de espacios verdes por persona; el London County Plan dieciséis metros cuadrados, y el Plan de Extensión de París, una superficie de 17 metros cuadrados por habitante).
Además de los inmensos beneficios ambientales de las áreas verdes, al parecer de la autora su mayor importancia es la dimensión social para la ciudad, como equipamiento urbano, y como participación ciudadana.
Son un soporte en el esparcimiento y la recreación, y constituyen espacios irreemplazables como “escuelas de democracia”, en que todos tienen los mismos derechos y también las mismas obligaciones, lo que las hace privilegiadas en la reproducción cultural y en el reforzamiento de la identidad de barrios, de comunas e incluso de toda la ciudad. Son los lugares más aptos para la convivencia social pacífica y el esparcimiento gregario. Medir estos beneficios no es fácil, pero sin duda la presencia de vegetación, particularmente arbórea, es un factor de alta calidad de vida en las ciudades, ya que los espacios se convierten en lugares placenteros para vivir, trabajar o pasar el tiempo libre; además desde el aspecto estético, dan identidad al paisajismo, lo que permite que el sistema sensorial se relaje y se infundan nuevas energías frente al estrés que implica de por si el vivir en la ciudad.
Al crecimiento demográfico de las ciudades se suma la problemática ambiental (que ha existido siempre, pero hoy se reconoce) hace prioritario que se tome en cuenta la importancia, necesidad y responsabilidad que hay para todos en que existan áreas verdes públicas abiertas.
En el tema demográfico, en el caso de la ciudad de Santiago en “1930, ocupaba una superficie de aproximadamente 65 Km2, o sea, 6.500 Hás., con una población de 696.000 habitantes, las áreas verdes representaban, con 800 hás., el 12 % del Area Urbana, y a cada habitante le correspondían más de 11 m2. La ciudad de Santiago, en 1979, ocupaba una superficie de 400 km2., o sea, 40.000 hás., con una población de 4.000.000 de habitantes.” (Premio Nacional de Arquitectura, arq. Juan Parrochia, discurso agosto 1979.)
En 1980 Santiago tenía una extensión de 45 mil ha., en 1990, ya tenía 60 mil, y en 2008 de 64.800 hectáreas, con una población de 5.420.000 habitantes y con una densidad de 84 habitantes por hectárea y el año pasado se agregaron por una modificación al PRMS 10.000 potenciales hectáreas más. (Buenos Aires tiene una superficie de 22.660 mil hectáreas con una población de 11.200.000 habitantes, y una densidad de 49,5 habitantes por hectárea).
En el tema ambiental, en los últimos años sobran las palabras, no solo en los inviernos por la alta contaminación de la ciudad se habla del tema, durante todo el año la ciudad está afectada, más tratándose de una cuenca saturada como en la que se ubica Santiago, cada día el tema ambiental es noticia, ya sea porque se legisla sobre él, o no se legisla, porque se discute la saturación vehicular, las carreteras, etc, demás está ahondar en ello ahora.
Hoy más que antes se hace necesario que todas las personas se hagan responsables de exigir y cuidar su calidad de vida, pero también deben hacerse responsables de la necesidad de proteger, conservar e incrementar los espacios verdes “públicos” y “abiertos”, incentivar los programas de forestación y reforestación urbana, la creación de más parques, más plazas, ciclovías con vegetación, etc. y educar en el cuidado y respeto de la convivencia de todos en dichos espacios.
Sin duda se reconocen los esfuerzos que se han hecho en el incentivo para crear más áreas verdes que han tenido las autoridades, pero eso no es suficiente, se necesita de la conciencia ciudadana que exija sus derechos pero también cumpla con sus obligaciones de conservación y cuidado de las áreas verdes públicas. Las áreas verdes públicas no solucionan los problemas de la vida en ciudad, pero sí contribuyen a mejorar las condiciones de la gran urbe, especialmente cuando vemos que la ciudad contemporánea ha expulsado a la naturaleza hacia los alrededores, los que igualmente luego se come, apareciendo los ríos entubados, lagunas rellenadas, pavimentación de grandes superficies, vegetación exótica, paisajes uniformes, proliferación de grandes cantidades de materiales industriales, entre otros fenómenos.
Las nuevas generaciones tienen derecho a vivir en ciudades “vivibles” con (ojalá) mejor calidad de vida de la que tenemos y hay una esperanza feliz, a pesar del rápido deterioro de los espacios verdes públicos de nuestras ciudades, hoy cada vez se toma más conciencia de la necesidad de la existencia de los espacios verdes en el entorno urbano, hoy con certeza la comunidad sabe que las áreas verdes y los espacios abiertos desempeñan un conjunto de funciones esenciales en el bienestar y en la calidad de vida de las personas en los centros urbanos. Estas funciones se relacionan con lo social y con la calidad de vida, ya que generan impactos y beneficios directos en la comunidad, tanto desde un punto de vista ambiental, de salud, de convivencia, etc. pues influyen mejorando la calidad de vida urbana.
Aunque todos hoy tienen conciencia y se reconoce los beneficios de las áreas verdes urbanas públicas, el crecimiento desordenado, la falta de planeación o la falta de cumplimiento de la planificación, agregado a ello la falta de recursos permanentes para la mantención de las áreas verdes urbanas (ítem más caro en el tema áreas verdes urbanas en la zona central de Chile) ha devenido en deficiencia y mala calidad de las áreas verdes que existen, salvo contadas excepciones.
Aún hay mucho por hacer, y no se puede decir que no se sabe qué hacer, solo hay que aunar voluntades de autoridades junto a las voluntades ciudadanas para dar prioridad a las áreas verdes públicas abiertas, para así cada uno estar velando por sí mismo y por todos al mismo tiempo.
El tema de las áreas verdes es muy amplio, y da para mucho más, hay aspectos económicos, éticos, de educación, de salud, de educación cívica, de paisajismo, de acerbo cultural y muchos más que pueden y deben ser abordados al tratar las áreas verdes urbanas.
Por ahora el gran reto para cada uno es lograr que las “áreas verdes públicas abiertas” cumplan las funciones que les asigna la ciudadanía en la moderna visión urbana ambiental que le da a los espacios comunes con vegetación.
Foto deltafrut Flickr © creative commons
|